martes, 15 de mayo de 2012

Déjà vu (cont.)


Me debe haber agarrado en un momento de vulnerabilidad o simplemente sentí que esta vez me contactaba desde un ángulo diferente, que realmente necesitaba decirme algo. Tantas veces fui yo la que necesitó desahogarse que le respondí: ¿de qué querés hablar? Así, cortito y al pie.
Su respuesta me descolocó, fue muy sincera y no me la esperaba, me decía que no le gustaba haberse alejado tanto de mí que siempre me consideró muy copada y que todos los momentos compartidos conmigo habían sido un placer.
Así y todo mi respuesta fue seca y distante. La realidad es que hacía un año que no teníamos contacto, más allá de sus ridículos mensajes mensuales. Además la última vez que hablamos le dije que no quería saber nada de él mientras estuviera de novio.
Casi sin darnos cuenta estábamos intercambiando mails como si el tiempo no hubiera pasado, de a poco empezaba a aflojar, a pensar que tal vez me había equivocado con él, que a veces los tiempos de uno no son los del otro y que yo también me había sentido muy cómoda cuando estuvimos juntos.
Entonces un día mientras hablábamos le pregunté: ¿por qué me seguís buscando? A lo cual respondió:

"Cuando pienso o miro para atrás, extraño llevarme con alguien como me llevaba con vos. Es poder reírme o hablar o 'molestar' y que el otro tenga paciencia, comprensión, cosas que vos tenías. Por eso apareces como un fantasma el cual me enoja que se haya alejado y entiendo perfectamente que lo hayas hecho. Pero ese recuerdo de que cuando estaba con vos las demás cosas bajaban su volumen es lo que me hace buscarte".

Por un segundo se me paró el mundo, pero como hace dos años la volvió a embarrar cuando continuo hablando:

"Agradecé que estoy con alguien sino te hubiera enfermado aún más todo este tiempo. Todavía estoy en pareja pero te sigo pensando… En como serian las cosas si te hubiera elegido a vos y no a ella..."

En ese momento me di cuenta que no valía la pena seguir perdiendo el tiempo; me despedí y le dije que esta vez sí no me contactara nunca más en su vida.

viernes, 6 de abril de 2012

Déjà vu

Hace exactamente dos años lo conocí a Emiliano. Fue para pascuas, yo me estaba mudando y yendo de viaje. Igual que ahora.
Emi fue el primer hombre con el que estuve luego de terminar mi relación de tres años y medio con Juanjo.
Todo era nuevo. Por primera vez en mucho tiempo yo volvía a ser yo, con todas las libertades que eso implica, sobre todo la mental, lo cuál me permitió mostrarme frente a él tal cual soy. Y él parecía ser todo lo opuesto a Juanjo, parecía suplir aquellas falencias que me llevaron a tomar la decisión de separarme.
Emi era atento, amable, sociable, pero por sobre todas las cosas, con él se podía dialogar. Era lo que más me gustaba hacer con él, pasar horas y horas charlando, como si nos conociéramos de toda la vida. Nunca había tenido charlas tan sinceras con nadie y menos que menos en tan poco tiempo. Empecé a sentir una conexión que me aterró. No quería volver a estar de novia, al menos no tan rápido, pero tampoco iba a ignorar eso que me estaba pasando. Siempre fui de hacerme cargo y ésta no iba a ser la excepción.
Fue en ese momento en que la relación se puso rara, yo sentía que a él le pasaba lo mismo pero que tenía mucho miedo. Le propuse dejar que las cosas fluyeran, que si los sentimientos cambiaban lo hablaríamos y decidiríamos qué hacer al respecto. Pero él no se la jugó.
Decidí alejarme y que la vida me llevara por donde tuviera que hacerlo.
A los dos meses reapareció, preguntándome qué era de mi vida y contándome que hacia ocho semanas se había puesto de novio con la hermana de un amigo.
Si, ocho semanas, dos meses, precisamente el mismo tiempo que había pasado desde que nosotros dejamos de salir.
Me dio muchísima bronca su caradurez y lo mandé a cagar, no porque hubiera elegido a otra antes que a mi, sino por su incoherencia.
Durante estos dos años no pasó un mes sin que no me buscara. A lo cual siempre le respondí con el mayor de los silencios. Hasta la semana pasada, cuando me mandó un mail diciéndome: necesito hablar con vos.

lunes, 5 de marzo de 2012

Acá y ahora


Nuestra primera noche juntos la tengo grabada en mi memoria como si hubiera sido ayer. Fue muy especial para ambos ya que ninguno de los dos había estado antes con otra persona.
Recuerdo los nervios y el miedo que tenía, pero a su vez estaba convencida que no había persona más indicada en todo el mundo que él.
Esa noche no sólo nos entregamos mutuamente en cuerpo sino también en alma. Todavía estábamos abrazados cuando me dice: “te amo”. Nunca antes lo había hecho, fue por eso que le dije: “no tenés que decirlo por obligación, eh!”. Me miró y repitió: “te amo, de verdad”.
Nunca en la vida había sentido tanta alegría. Jamás pensé que uno pudiera sentirse tan completo, realizado, satisfecho. No quería que nunca pasara ese momento, si por mi fuera seguiría ahí, abrazada a su pecho, reposada sobre el hueco que se formaba entre su cabeza y su hombro que pareciera haber estado diseñado para mí, porque nunca me había sentido tan cómoda en mi vida.
Finalmente se tuvo que volver a Buenos Aires. A mi todavía me quedaba una semana de vacaciones en la costa. Para que la distancia se hiciera más corta todos los días me mandaba un mail  diciéndome lo mucho que me extrañaba y hasta llegó a dedicarme una canción deseando que estuviera allá con él.
Pensar que hoy soy yo la que desea que él estuviera acá, conmigo.



miércoles, 15 de febrero de 2012

In Love


Nuestra relación era un cuento de hadas, después de tantos desamores finalmente había encontrado a mi príncipe azul. Parecía como si la vida hubiera querido que pasara por todo lo malo para que cuando lo bueno apareciera pudiera valorarlo aún más.
Con Matías teníamos planes a futuro, soñábamos con casarnos y tener hijos, pero había un tema que nos enfrentaba. Nunca peleábamos por nada excepto por esto: la religión. Pareciera ridículo que en el siglo XXI la gente todavía tuviera enfrentamientos por un tema así.
La realidad es que Matías es una persona extremadamente creyente y yo soy todo lo contrario pero por él estaba dispuesta negociar ciertas cosas, como tener una ceremonia religiosa o bautizar a los chicos, aún sintiéndome una hipócrita al hacerlo. En cambio él no sólo no estaba dispuesto a ceder nada sino que quería convencerme de cosas que para mí no tenían sentido alguno.
Si bien era un tema que me preocupaba, comparado a lo feliz que era a su lado nada parecía importar. Con el correr del tiempo los sentimientos se hacían cada vez más profundos y nos parecía imposible vivir el uno sin el otro.
Llegó el verano y con él, las vacaciones. Yo me iba a la costa con un grupo de amigos y amigas. Matías no podía venir porque había empezado a trabajar hacía poco tiempo y no tenía días libres. Pero la distancia era tan insoportable que decidió venir un fin de semana aunque fuera.
Una noche decidimos pasarla solos, ir a comer, caminar por la playa, en fin, hacer cosas de novios. Fue una velada perfecta. Es cierto que no recuerdo nuestro primer beso, pero la primera vez que hicimos el amor es algo que jamás voy a borrar de mi memoria.